(Secuestro en la nave espacial Ovni)
Parte II
Hace 365 días yo era un joven muy normal de 22 años. Pero, poco a poco mi vida comenzaba a cambiar vertiginosamente. Y no sabía muy bien cual dirección tomaría. En ese momento, mientras vivía en la caótica y hostil caracas de estos tiempos, me encontraba en la desconcertante paradoja de no saber si mantenerme viviendo en la ciudad capital o devolverme a mi querida (?) ciudad de origen en el interior del país.
Muy parecido a lo que enfrentan los personajes del afamado musical de los años 90 llamado “Rent” (“Renta”, en español), yo estaba intentando abrirme camino entre la naciente industria cinematográfica venezolana. Industria que, ha sufrido conatos de aborto a través de las décadas. Mi trabajo en la productora, como director y productor para un noticiario de cine me llenaba de satisfacciones, pero no me llenaba los bolsillos.
(Trailer de la adaptacion al cine del musical "Rent")
Como muchos jóvenes de mi edad, yo tenía deseos que se podrían considerar normales en cualquier otro lugar del mundo, pero que, en la Venezuela bolchevique del siglo XXI parecen imposibles: tener un trabajo, ganar dinero suficiente con él como para alquilar un apartamento, vivir con un roomate (mi mejor amigo que también vivía como ente foráneo en la ciudad), comprar la comida y tener suficiente dinero como para costear las diversiones básicas.
Todo eso que yo deseaba se me hacía imposible de tener con un sueldo tan bajo y con el creciente costo de la vida y todas las cosas que nos hacen querer cerrar el periódico o apagar el televisor cuando vemos las noticias. Entonces, justo en ese preciso instante cuando estaba comenzando a pensar en colgar la toalla se me presenta el acoso telefónico de quien ahora en adelante llamare “El Jefe”.
“El Jefe” necesitaba desesperadamente contar con mi presencia en su equipo de productores ¿Por qué tanta insistencia? Hasta ese momento todo parecía indicar que estaban desesperados porque ellos, los chavistas, no tenían ni la menor idea de lo que era la producción para televisión. Y yo, un humilde casi graduado de comunicador social contaba con la sabia experiencia de 3 meses de trabajo en una de las mejores productoras del país.
A la decima llamada, este señor, quien al parecer sabe obtener lo que quiere me hizo una última oferta: “renuncia ya a la productora y nosotros te pagamos la liquidación”. En ese momento yo entendí que esta gente manejaba una buena cantidad de recursos económicos y me dije: “Coño ¡No seas gafo y acepta la oferta!”. Entonces deje de vacilar, deje a un lado mi signo libra, me arme de valor y le dije: “Esta bien, acepto. Déjame plantearle la situación a mi jefa”.
Y así fue. Hable con mi jefa, le conté lo que me estaba sucediendo y le explique que un chico como yo no podía dejar pasar esa oportunidad (grave error que estaba cometiendo, pero en ese momento estaba aturdido por el olor del dinero y no me daba cuenta). Ella se mostro muy comprensiva y acordamos que trabajaría hasta el 23 de ese mes, fecha cuando se vencía mi contrato.
Ese día, a las 5:30 pm (30 minutos antes de que se terminara mi último turno de trabajo en mi querida productora), El Jefe me volvió a llamar, y esta vez me confesó que estaba esperándome en un restaurante cercano al área donde está ubicada la productora. Y que por motivos “relacionados al programa de televisión” estaba dispuesto a invitarme la cena y conversar un poco conmigo.
Asi que sin darme cuenta, me embarque en esa rara nave espacial chavista.
Strike one.
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